lunes, 8 de marzo de 2010

El duende tras el cristal

Busca un tarro de cristal con tapa hermética. Lo suficientemente grande como para que quepa dentro un sentimiento incontrolable.

Deposítalo en un lugar visible de un habitáculo de tu cabeza donde puedas observarlo si te apetece pero que no te distraiga cuando lo necesites. Introduce ese duende que es el sentimiento tan grande que te provoca miedo, dolor, amor, o ilusión.

Imagina que tienes la ilusión de nuevo por una persona que aparece en tu vida. El duende imagina situaciones perfectas a la luz de las velas con ese nuevo ser, brinca de ilusión soñando con sus besos y caricias mientras la sonrisa está tatuada en su diminuta carita verde. Gira sobre sí mismo cantando y riendo, pero desde fuera del tarro, no lo escuchas. Imagínate que se produce el caso contrario, que le han roto el corazón y que llora, retorciéndose y golpeándose contra las paredes transparentes por el dolor. Sencillamente, no incordia. El cristal del frasco aísla y controla lo que parecía desbordarse.

Puedo mirarlo, pero sin que llegue a afectarme nada. Sé lo que siento, pero no me condiciona. Solo intento protegerme del dolor lo mejor que puedo.

3 comentarios:

Javier dijo...

interesante...

Treinta Abriles dijo...

No entiendo lo que pasa.

La primavera no termina de llegar, aunque los almendros, hayan decidido que ya está bien...

YoMisma dijo...

Muy buena forma de verlo.

Yo tengo de todas maneras una coraza semi rígida, al duende creo que me daría pena igual aunque no lo oyera...

Saludines,
YoMisma