jueves, 30 de diciembre de 2010

Ambigú

Tengo la suerte de haber tenido de pequeña la “ no indulgencia” delante de un plato de lentejas, lo que me ha hecho aprender a comer de todo y no hacerle ascos a prácticamente ninguna creación gastronómica.

El pasado mes de Octubre, uno de mis mejores amigos que disfruta como yo del que para mí es el mejor placer del mundo, me invitó a descubrir un sitio en Sevilla que desconocía hasta la fecha, y que fue todo un descubrimiento para mis sentidos. Tal amigo me hablaba de lo bien que se comía allí, pero que no me fuera a esperar encontrarme un supermegaguay restaurante pijo de lámparas de araña de desorbitadas dimensiones y camareros forjados en gimnasio, pero que sin duda me iba a sorprender, y lo hizo. Gratamente sin duda.

Se trata del bar Ambigú que está situado en la calle Feria nº 47 de la capital hispalense. Al entrar y contemplar el escaso sitio para poder sentarnos, ya empezó a llamar mi atención a pesar de su decoración en mesas y sillas de provenzal y sus azulejos sevillanos a media altura tipical spanish, pero el delirio gastronómico empieza al leer en las pizarritas que adornan el local llenas de letras de tiza de colores, deliciosas sugerencias como “solomillo de ternera con mousse de oca y reducción de pedro Ximenez”, “brochetas de langostinos a la valenciana con aceite de boletus”, “ensalada de salmón salvaje a las dos salsas” y tras escoger el “atún con guindas al aceite de vainilla”, y alabar la relación “calidad-precio”, terminé por caer rendida a sus pies.

Si tenéis ocasión de disfrutar de Sevilla y buscáis un sitio que sin duda os sorprenda para almorzar, os lo recomiendo desde aquí.
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