miércoles, 12 de abril de 2017

Deflagración

Nunca te enamores de alguien como yo. Soy difícil y no existe antídoto. Puedo saltar feliz en la Rayuela de Cortázar y dormirme al arrullo del mar, que sumergirme en los peores infiernos de Nietzsche, gritar y llorar entre letras y sonidos en cualquier madrugada. Despertar, y adorar el canto de los pájaros, el perderme en los pasillos de las bibliotecas. Si no hay música, me apago, si no hay arte cerca, me enfermo. Esnifar olores en libros abiertos, desgranar las bases de un tema buscando los tonos del coro, los latidos del bajo, y escuchar los susurros de los que como yo, están locos en este mundo de creaciones, que es nuestro cielo tantas veces y nuestra perdición muchísimas mas. Nunca lo hagas porque mi corazón está plagado de cicatrices por soñar en exceso, amar demasiado, de pinceles en remojo, de libros reventados por la mitad y de madrugadas interminables como esta, en la que sólo necesito olvidar y ordenar las vomitadas mariposas invisibles. Amo con pasión, beso convencida y me entrego entera. Veo poesía en todas partes, hablo sola, bailo y canto sólo para mi. Nunca me ames, nadie es capaz en este mundo de cuerdos aburridos, fans de la moda, de la multitud gris. No sois capaces de cruzar la línea roja de amar con mi magnitud y con mi peligro nuclear lleno de letras. Mi deflagración no te dejará ileso si entro en tu vida. Nunca volverás a ser el mismo después y la culpa es mía, pero te avisé. Puedo ser un ángel sonriente y amoroso y una llama de fuego rebosante de azufre al mismo tiempo. Mi alma es tan imprevisible que yo misma la embargué. Si no eres capaz de amar a las estrellas fugaces como yo, observa en silencio, las veces que conseguimos brillar.

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