sábado, 7 de octubre de 2006

La canción del baile ( F.Nietzsche)

" En tus ojos he mirado hace poco, ¡oh vida! Y en lo insondable me pareció hundirme. Pero tú me sacaste fuera con un anzuelo de oro; burlonamente te reíste cuando te llamé insondable.
«Ese es el lenguaje de todos los peces, dijiste; lo que ellos no pueden sondar, es insondable. Pero yo soy tan sólo mudable, y salvaje, y una mujer en todo, y no virtuosa: Aunque para vosotros los hombres me llame "la profunda", o "la fiel", "la eterna", "la llena de misterio". Vosotros los hombres, sin embargo, me otorgáis siempre como regalo vuestras propias virtudes ¡ay, vosotros virtuosos!» Así reía la increíble; mas yo nunca la creo, ni a ella ni a su risa, cuando había mal de sí misma. Y cuando hablé a solas con mi sabiduría salvaje, me dijo encolerizada: «Tú quieres, tú deseas, tú amas, ¡sólo por eso alabas tú la vida!» A punto estuve de contestarle mal y de decirle la verdad a la encolerizada; y no se puede contestar peor que «diciendo la verdad» a nuestra propia sabiduría. Así están, en efecto, las cosas entre nosotros tres. A fondo yo no amo más que a la vida ¡y, en verdad, sobre todo cuando la odio!
Y el que yo sea bueno con la sabiduría, y a menudo demasiado bueno: ¡esto se debe a que ella me recuerda totalmente a la vida! Tiene los ojos de ella, su risa, e incluso su áurea caña de pescar: ¿qué puedo yo hacer si las dos se asemejan tanto? Y una vez, cuando la vida me preguntó: ¿Quién es, pues, ésa, la sabiduría? yo me apresuré a responder: « ¡Ah sí!, ¡la sabiduría! Tenemos sed de ella y no nos saciamos, la miramos a través de velos, la intentamos apresar con redes. ¿Es hermosa? ¡Qué se yo! Pero hasta las carpas más viejas continúan picando en su cebo. Mudable y terca es; a menudo la he visto morderse los labios y peinarse a contrapelo. Acaso es malvada y falsa, y una mujer en todo; pero cabalmente cuando habla mal de sí es cuando más seduce». Cuando dije esto a la vida ella rió malignamente y cerró los ojos. «¿De quién estás hablando?, dijo; ¿sin duda de mí? Y aunque tuvieras razón ¡decirme eso así a la cara! Pero ahora habla también de tu sabiduría». ¡Ay, y entonces volviste a abrir tus ojos, oh vida amada! Y en lo insondable me pareció hundirme allí de nuevo."
Extracto de "Así habló Zaratustra", concretamente de "La canción del baile".pagina 166.Biblioteca Nietzsche.Alianza Editorial.
Es un "pequeño presente" a mis "angelitos Nietzschesianos"(ellos saben perfectamente quienes son y que los llevo aqui conmigo,eternamente, pase lo que pase) y a los que juzgan con el prejuicio de la "no visión del genio", que se detengan a leer estas letras y poder descubrir a Nietzsche. Os invito a hacerlo.

2 comentarios:

enfantterrible dijo...

Lamento no haber estado disponible ayer, llegué tan casado del viaje que me quedé dormido.

Me encanta la canción de Nietzsche. Sobretodo eso de... "¿Es hermosa? ¡Qué se yo!"

Gracias.

Anónimo dijo...

Oh tengo un incienso de violetas a mi lado, su dulce perfume me recuerda mi abuela,y los caramelos con perfume y sabor a violetas, al sentir ese aroma, vuelo a mi infancia y cuando siento aroma de violetas siento de verdad un dulzor en mi boca y mi alma,entré a esta página buscando nostálgica algún perfume con un real aroma de violeta Esta muy bello todo Bendiciones