jueves, 19 de agosto de 2010

El mal libro.

Una de las circunstancias que más detesto es empezar a leer un libro malo. Me dá mucha rabia el tener entre las manos algo tan malo, que ha sido escrito, enseñado con orgullo supongo, corregido, editado, impreso, y que encima ha tenido la suerte ( o el capital necesario) para que pueda asomar su horrible sonrisa profidén en las estanterías de las librerías. Me revienta perder el tiempo intentando darle la venia a un mala obra cuando muchísimos escritores con una genialidad sublime se resignan a que sus escritos se queden a lo sumo en el fondo de algún cajón de una editorial que ha olvidado reciclarlo. Mi único vicio ”conocido y reconocido” es precisamente ese, la lectura. Desde muy pequeña he sido una insaciable devoradora de páginas escritas lo que me ha llevado a poblar compulsivamente toda mi habitación, y los muebles de las viviendas de estancias anexas en las que he habitado, a la espera de un lugar estable ajeno a tanta mudanza en el que puedan descansar y mostrarme recuerdos cuando lea sus títulos apilados y ordenados. No suelo leer “best seller” ni esperar ansiosa su salida al mercado. No, para nada. Siempre me he tomado mi tiempo en lo que se refiere a los estrenos de este tipo. De hecho ahora tengo entre mis manos mi regalo de Navidad, “ los hombres que no amaban a las mujeres” y me está gustando sinceramente. Disfruto cuando llega la noche y con el sonido de fondo de las olas del mar, me sumerjo entre sus páginas. Siempre he equiparado la literatura con una joya, que pocos aprecian de verdad y tengo la suerte de tener muchas cerca, y siempre defenderé y regalaré precisamente eso, pero siempre y cuando sea un libro bueno, sobre todo si lo he leído y ha recibido mi bendición.

Que nunca se acabe la pasión por escribir, compartir letras y devorarlas sin piedad.

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