miércoles, 27 de octubre de 2010

Indefinidamente

El agua del mar todavía se viste de azul y de suspiros de gaviotas en mi ventana, mientras que la marea baja deja al descubierto las rocas inertes y desnudas de la orilla.

Tengo propósitos a diario, aquellos que nos prometemos en silencio y que nos intentan animar a seguir teniendo ilusión por saborear despacio cada mañana, pero desaparecen cuando cambia el viento, desvaneciéndose entre las fases de la luna, por mi vergüenza a usar el corrector de ideas.

Lo que si tengo es la ilusión de querer despertarme a tu lado indefinidamente, igual que todas nuestras conversaciones que solo se cortan por el sueño y por el reloj que nos persigue, rebosantes de palabras sin fin cada madrugada envidiosa porque no sabemos, ni queremos guardar silencio el uno con el otro.

La tos se marchó por la vereda de atrás, pero me dejó los pies extraños, augurando el frío que no padezco si me abrazas y me quedo dormida en tu pecho y sa brisa helada que no existe en tu cuello porque el abrigo de mis labios te resguarda sin cesar.

Y todo es indefinido, y por un momento creo que ya no me asusta, porque es la primera vez que no tengo monstruos debajo de la cama y puedo dormir tranquila con las puertas del armario abiertas.
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