miércoles, 3 de agosto de 2011

Sopa china

Me duele la garganta. No sé si me ha afectado un poco el cambio del tiempo de estos días que ya refresca al anochecer o mi eterna pasión por los helados, unida al aire acondicionado de la oficina, y todo el día hablando con clientes. Ayer fue un día extraño. Estoy algo melancólica. Fué mi santo y recordé como casi todos los días a mi abuela de la que llevo el nombre entre tantos parentescos. He empezado la jornada intensiva y ahora tengo mas tiempo para...dormir. Dormir y tirarme en la cama con los ojos cerrados a escuchar música. En silencio, sin abrir la boca y sin escucharme la voz un buen rato. No he pisado la playa desde el viernes y me quiero llevar el libro que acabo de empezar, (“ Los pilares de la tierra”) que fue uno de mis regalos de reyes. Espero terminarlo antes de fin de año. Tengo ganas de sopa, pero no de una sopa cualquiera, no. De la sopa agripicante china. Gelatinosa y oscura, antes de acostarme y taparme hasta arriba. Tengo ganas también de una escapada entre amigos, de irme de camping un fin de semana o algo así para desconectar que lo necesito antes de mis vacaciones. Serán la primera quincena de Septiembre si todo sale según lo esperado, antes de ocupar mi nuevo puesto. Estoy rara, desganada, tengo la mente con frases cortas, como una niña pequeña enfadada sin ganas de hablar. El viernes voy de nuevo a la peluquería, a repasarme las mechas. Tengo que hacer limpieza y organizar muchas cosas, no sé de que me extraño, siempre estoy de limpieza. Este verano no habrá conciertos en la playa. Me da la sensación de que Agosto se va a marchar volando...como esa cometa que perdí de pequeña de manos del traicionero viento y que se quedó en una gran roca a la que no alcanzaba. Una cometa de menos de un verano que no esperaba y que me vuelve a demostrar que los planes no se pueden hacer con antelación porque el señor destino es caprichoso. Hijo de padres demasiado permisivos. Demasiadas pataletas en mi contra.

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