viernes, 31 de mayo de 2013

Volátil



Cierro los ojos a la luz,
 y sin apenas darme cuenta
 me desprendo del pesado traje de mujer
 convirtiéndome en una pluma,
que silenciosa es arrastrada por el viento,
 volando alto, muy alto sin temor
 al son de las ráfagas que nunca espero.
 Caigo en un charco y me humedezco
de una manera salada,
excesivamente conocida para mí,
agrupando mi lateral en pequeños puñados blancos
 de sueños sin cumplir,
de pestañas cansadas,
 y de deseos de dormir eternamente
a salvo de mi diario miedo.


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