jueves, 11 de diciembre de 2014

Manzanas

Mi habitación huele a manzanas verdes. Es un olor limpio, sutil, que me relaja y me invita al orden tan necesario en mi vida. Una pequeña velita mariposa hace que se propague y que se impregne en mi ropa, en mi pelo, y dentro de todos los recovecos de mis pensamientos. Todos huelen a manzanas.  Mi esperanza sigue siendo verde, igual que la elección del doctor en la clínica de Sevilla que me hizo paciente suya. Ahora soy menos bruja y mas sevillana gracias a el.  Todo va bien, todo va a salir mejor aún, todo es verde como los tréboles de cuatro hojas que me imagino cada mañana cuando abro los ojos. Todo es de mi color preferido, todo, absolutamente todo depende de la fuerza de mis pensamientos,  de mi positividad, y del originario color del amor, verde. Aunque se bifurque mi corazón lleno de arterias maltrechas por la vida, siempre encontrará su sitio en una vereda tranquila junto al río, llena de pequeñas florecitas blancas.  Lo que está destinado para mi tarde o temprano, llegará a mi vida, con todos los despertares que serán siempre agradecidos. 



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