miércoles, 10 de agosto de 2016

Después del Divorcio. Primera parte.

Pocas veces he tenido la oportunidad de poder escuchar con las palabras mas sinceras y exactas, lo que se siente cuando todo ha terminado, y la gran vereda desconocida y llena de miedos se abre delante de tus pies cuando te enfrentas a la frialdad de un divorcio. A veces no tienes ni siquiera el machete que pueda cortar tanta hierba salvaje que no deja pasar la luz del sol, y que no te alumbra a diario. Tienes que descansar de todo este proceso tan duro y volver a reinventarte de nuevo trozo a trozo. No todo son fotos de mujeres sonrientes con globos de colores a su alrededor, ni todo es la libertad, la alegría, ni la felicidad como en un anuncio de refrescos que te venden con el divorcio, ahora empieza tu vida a solas, tanto para bien, como para mal.

 Cuando me separé, hice dos maletas y me fui a trabajar a otra ciudad Necesitaba olvidar y la tranquilidad que no tenía en la ciudad en la que residía. Fue muy duro cambiar mi gran piso conyugal por una habitación en un piso compartido, pero no me quedó mas remedio que hacerlo. Aún me recuerdo con mis dos bolsas gigantes subiéndome al autobús.

Se hace complicado el tener lo mínimo a mano, y casi todo lo que te acompañó en tu matrimonio, metido en cajas y guardado donde podías y te dejaban sitio temporal para hacerlo. Creo que nunca he tenido conciencia de cuanto tenía, y de lo que perdí realmente en las mudanzas. Aún me sorprendo abriendo cajas y encontrando jarrones, fotos, y detalles que ni recordaba. 

En mi caso, ha sido muy duro, ya que he trabajado en varias empresas y he estado desempleada en varias ocasiones, y te das cuenta de que al no tener hijos, solo cuentas con  la prestación por desempleo si es el caso, o con tus propios ahorros o la ayuda y apoyo familiar, que es eso precisamente, una ayuda, no la obligación de hacerlo. Sobretodo si tienes suerte de poder contar con ella. Yo si he tenido esa suerte, algunas veces mas que otras, pero es algo que siempre agradeceré de corazón.

Recuerdo que pasaron muchos meses sin que pudiera abrir la carpeta de la documentación judicial del divorcio, sin que sintiera dolor, malos recuerdos, o nerviosismo. Gracias a Dios, ya pasó todo, pero siempre es una piedrecita que te llevas metida en el zapato, pero que intentar colar en una zona en la que no te estorbe demasiado. Por desgracia, aún no he aprendido a caminar descalza.

Creo que llevo mas de trece mudanzas, perdí la cuenta porque no pienso que sea algo positivo que recordar, y cada vez voy desechando libros, ropa, decoración, y cajas pesadas, para hacer mas liviano mi camino, ya que estoy preparada, para seguir girando por el mundo, y he aprendido que cuanto mas pese, mas me costará levantar el vuelo.

Es muy complicado, tener que vivir de ahorros y de ayuda familiar, porque te falten días para coger el paro, que pocas personas entiendan lo que supone un estres post traumatico después de tantos cambios de residencia, ciudades, trabajos, amistades y de casi no poder vincularte realmente a ningún lugar ni echar raíces. Ser mujer actualmente en España, con estudios, divorciada y sin hijos, es muy complicado para poder sobrevivir con la precariedad económica  y laboral que tenemos.

Actualmente, no recibo ningún tipo de ayuda del Estado, y estoy esperando una intervención quirúrgica en un hombro, lo que no me permite trabajar al cien por cien ya que el brazo entero esta afectado, sin tener papeletas para un despido. He sufrido dos operaciones mas en estos años y tengo secuelas. Pero sobretodo, y lo mas triste, es que tengo la calle para correr.

Veo muchas series de mujeres felices, divorciadas felices, casadas felices, viudas felices.. con sus modelitos a diario, su maquillaje perfecto y su peluquería de alfombra roja, pero no veo ninguna que hable la realidad que como yo, estamos viviendo muchas mujeres divorciadas,solas, a las que contratan y luego no pagan sus sueldo, a las que estafan y engañan por la necesidad que tienen buscando su sitio en el mundo, y las que arrastramos una gran carpeta negra, que para nosotras se queda. 

Somos muchas. Demasiadas. Y no es tan bonito como lo pintan.