domingo, 21 de marzo de 2010

El oleaje

Hace demasiado tiempo

que me conformé con sentarme en la orilla

mientras pequeñas olas venían e intentaban empaparme los tobillos

con un agua muerta que no mojaba, que sólo calaba frialdad.

Hace pocas lunas que la marea cambió su ruta sin pensar

y volcó con mi despiste el saco de arena al que me aferraba

que esparció sigiloso el cómplice viento.

Fue cuando llegó a mi playa ese oleaje de estrellas y algas,

de espuma blanca de horizontes lejanos y brillantes

que ha sido capaz de nadar entre los arrecifes de coral de mi dolor,

besando gotas saladas en el esqueleto de mi barco hundido.

Diestro de pescarme sin redes, sin que yo hubiera pretendido

zambullirme sin saber nadar en la inmensidad de su océano

sin temor taciturno a la deriva, en la bahía de su abrazo.

3 comentarios:

Miguelo dijo...

que bonito. fuera los miedos

iskander dijo...

Hay que nadar hasta el horizonte...ya me entiendes

Eyna dijo...

Hola Mil violetas, me gustó tu blog, ya te seguí, yo comienzo ahora. Un abrazo.